Pasacalles de sacerdote y prostitutas de Baal con la cabra


La fanfarria se oía llegar por la última parte construida del nuevo barrio, como dando la enhorabuena a los nuevos inquilinos de la zona, y a cambio, obtener alguna recompensa.

Hasta que llegaron frente a mi ventana y ocuparon la calle entorno al espacio abierto. El día era propicio para tener las ventanas abiertas; la vecindad se asomaba, era un día festivo. La recua vestía ropas de… cíngaros… y cíngaras, y parecían disfraces elaborados; portaban su carrito de música grabada, y por supuesto, la escalera, para la protagonista: la cabra. Aunque no recuerdo si llegó a subir algún escalón. No faltaba detalle gitano cañí.

Algo me hizo dudar, como si hubiese una señal que yo no veía pero intuía siniestra. Al final cogí una moneda y la lancé, fue a parar a la acera del otro lado de calle. Una chica la cogió, y me miró. Pero de inmediato otra se acercó y le dijo que esa moneda era de ella, el jefe lo había dicho. La que se agachó a por la moneda la reclamó como suya, y entonces, el jefe de la comparsa gritó como un energúmeno: “¡Venga putas, agacharos! ¡Y no dejéis de bailar! ¡Putas!”.

La chica que recogió la moneda del suelo no tenía aspecto de gitana, no soltaba la moneda y expuso que ella no era puta, que era una actriz, contratada para ese espectáculo, mientras, la otra la cogió incluso por el brazo y con voz malévola le dijo que ella era prostituta, y su jefe había dicho que esa moneda era para ella, y añadió: “¿Qué es, qué no sabes que aquí todas somos prostitutas? …todas las otras también son prostitutas…”. El jefe de la banda volvió a gruñir como un ogro: “¡Putas, a bailar! ¡Sois todas putas! ¡Putas…!”. La actriz le entregó la moneda a la prostituta y su gesto de enfado se cambió por una sonrisa, como ya convencida, de su papel en la mascarada.

Me arrepentí en ese momento de haber lanzado la moneda, sin saber que esa banda, eran las prostitutas de Baal con su nuevo sacerdote, y que este era el mayor de los apodados, “hermanos malasombra”, sin darme cuenta, de que él me había perseguido desde niña, y desde entonces se encargaba de hacer que yo olvidase todo lo que a él no le ha interesado de mi vida, usando sus drogas sintéticas de diseño específico. Pero todo habría de volver a la memoria, incluso al final, este pasaje, y llegaría a saber, que esa prostituta de malvado sonido oral, también era una bruja muy oscura, por entonces, recién llegada a la iglesia de Baal, en mi bonita ciudad.

Para no olvidar, mejor recordar, porque nos ayuda a entender el entorno y a defendernos, aunque eso a los siniestros no les interese. Y habían aparecido tantas veces los “hermanos malasombra” por mis libros ya publicados… hasta con cabra incluida en el primer carnaval permitido en la ciudad.

(Y hoy día 10/04/2017, añado este detalle que hace un par de días empezó a rondar por mi cabeza y no quiero arrepentirme por obviarlo, ahora que llegó a ni menoria: Me llamó la atención un chico que venía entre la fanfarria vestido de gitano, por su cara de nazi de, los dioses caídos. Tampoco recordé en aquel momento que había visto esa cara  en otras ocasiones, a lo largo de la vida.)

Gracias que Dios ha estado en mi corazón, porque no hubiese superado tantas agresiones de los adversarios de amor.

CIMG1600

Rosario

© MRCT ®

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