Harlista


Oí el sonido de la moto. No supe por qué lo quería ver pasar. Sentí acercarse algo muy especial que de repente no entendí. Me quedé casi pegada a la pared. Apenas lo miré. Y allí en medio estaba plantado el Harlista, frente a la línea del paso peatonal. Para uno que yo quería mirar al pasar, era el único que me cedía el paso y sin tener intención de cruzar. Respiré con naturalidad y me acerqué al bordillo de la acera. Lo miré un instante… o dos… no sé… antes de bajar al asfalto. Mientras cruzaba oí sus pensamientos: “ ‘ …no va a ser una princesa…

…es una reina’ ”.

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